Escisión de tumores

ESCISIÓN DE TUMORES

La escisión de tumores cutáneas o la escisión de lesiones cutáneas es tal vez uno de los procedimientos quirúrgicos más habituales. Siendo una técnica habitualmente sencilla, algunas localizaciones especiales pueden hacer aconsejable que la intervención sea realizada por un cirujano plástico. Siempre se procurará que la visibilidad de la cicatriz resultante sea lo menor posible. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, una cicatriz es inevitable. 

¿EN QUÉ CONSISTE LA ESCISIÓN DE TUMORES?

Esencialmente, consiste en aplicar un método quirúrgico que permita erradicar una lesión cutánea. Esta eliminación puede incluir la piel circundante y, en ocasiones, añadir un margen de seguridad. Hay varias formas de realizar la escisión:

  • Coagulación de la lesión: Una de las formas más sencillas probablemente consista en aplicar a la tumoración una corriente de alta frecuencia que la destruye. El inconveniente principal es que no es entonces posible analizar el tejido resecado. Tampoco se puede tener certeza de haber quitado la lesión en su totalidad. Similares inconvenientes tienen la destrucción por frío (crioterapia) o por láser.
  • Escisión tangencial: Consiste en realizar un “afeitado” de la lesión tangencialmente a la piel. Una vez quitada, el lecho se coagula como en el caso anterior. Con este procedimiento, la tumoración sí se puede analizar por un patólogo, pero no se puede asegurar que las células de la base hayan sido eliminadas completamente.

Estas dos formas de tratamiento no profundizan en la piel. Normalmente dejan una cicatriz relativamente poco evidente, a veces casi imperceptible. Sin embargo, ante la sospecha de tumoraciones de importancia, no son aconsejables, ya que en esos casos es importante la resección total, con márgenes de seguridad en todas las direcciones.

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Las formas de resección completa de la lesión precisan retirar todo el grosor de la piel de la zona donde la lesión asienta.

    • Escisión circular: Es la técnica más sencilla de escisión en profundidad. Consiste en cortar circularmente alrededor de la lesión y suturar el defecto circular creado. Se trata de una técnica adecuada desde el punto de vista de la seguridad en la escisión, pero el tipo de cicatriz que deja es arrugada y excesivamente evidente, salvo en lesiones muy pequeñas.
    • Escisión fusiforme: Es una de las formas más empleadas en cirugía plástica para escindir totalmente una lesión cutánea. Se trata de conseguir una resección total, practicando una incisión en forma de huso y a la vez permitir cerrar el defecto creado en forma de una cicatriz lineal.
      El cirujano diseña esta escisión de forma que la orientación de la cicatriz la haga lo menos evidente posible. La cicatriz resultante con este procedimiento suele ser de una longitud de al menos el triple del diámetro de la tumoración. La visibilidad dependerá mucho de la zona en la que asiente la lesión, de la edad del/de la paciente, y de la calidad individual de la cicatrización. En general, las lesiones situadas en la línea media, en la espalda y en las extremidades inferiores suelen ser las de peor resultado estético. Los/as pacientes más jóvenes suelen curar más fácilmente, pero en cambio producen cicatrices de peor calidad estética./li>
    • Escisión con necesidad de realización de plastias o injertos: Estas técnicas quirúrgicas se usan cuando se trata de resecciones más importantes o bien situadas en zonas corporales especialmente conflictivas donde el defecto creado no se puede corregir adecuadamente con los procedimientos anteriores. Son técnicas considerablemente más complejas que las anteriormente expuestas. Las plastias consisten en liberar y desplazar segmentos de piel y tejido subyacente para cubrir el defecto creado. Los injertos consisten en quitar una lámina de piel de grosor variable de otra zona corporal y usarla para reparar el defecto. Las secuelas cicatriciales que conllevan estas técnicas pueden ser mucho más importantes, los riesgos y complicaciones son mayores y la cirugía es más prolongada. Estas técnicas rebasan el ámbito de esta información. Si son precisas en su caso, se le informará específicamente sobre ellas.

¿Y SI SE TRATA DE UN CÁNCER DE PIEL?

El cáncer cutáneo es el tipo de tumoración maligna más frecuentemente diagnosticada. De hecho, una de cada cinco personas padecerá este tipo de tumoración en el curso de su vida. El hecho de que los tumores se presenten en la piel, es decir, que están a la vista, favorece su diagnóstico, ya que muchas de estas lesiones no producen síntomas.

El cáncer de piel no es una entidad única. Hay diversos tipos de lesiones cutáneas malignas, y su grado de importancia varía también de forma muy significativa. El grupo mayor de tumores malignos corresponde a lesiones que se denominan Epiteliomas o Carcinomas basocelulares (afectan a la capa basal de la piel). Son tumores por lo general de comportamiento poco agresivo y de crecimiento lento. Es excepcional que den metástasis (diseminación a distancia del tumor) y habitualmente la cirugía es curativa, sin que suelan precisar tratamientos adicionales como la quimioterapia o radioterapia. La mayor parte de este tipo de tumores se producen en la cara.

Los factores de riesgo que más influyen en este tipo de tumores son:

  • Edad superior a 50 años.
  • Antecedentes de exposición al sol o quemaduras solares.
  • Piel u ojos de color claro.
  • Antecedentes personales o familiares de cáncer de piel.

Un segundo tipo de tumor maligno es el Epitelioma espinocelular. Normalmente requiere una resección más amplia que el primer grupo. En este caso, la detección precoz es más importante, ya que este tipo de tumores sí puede dar lugar a metástasis a distancia. Una vez tratados quirúrgicamente (la cirugía es el método de elección), los pacientes son remitidos a su oncólogo, quien determinará la necesidad de realizar estudios o tratamientos adicionales.

Melanoma: Este tumor es bastante menos frecuente y de una estirpe celular diferente a los anteriores. Puede salir en cualquier parte del cuerpo y extenderse a otros órganos o tejidos. La detección precoz es esencial y la cirugía debe observar unos márgenes de seguridad. Cuando esté indicado, se suele determinar también el estado del ganglio centinela. Se trata del ganglio linfático que primero recibe el drenaje linfático de la zona donde está situado el tumor. Un ganglio centinela sin afectación mejora considerablemente el pronóstico. Una vez intervenido, el paciente se refiere a su oncólogo, para realizar un seguimiento y establecer tratamientos adicionales, si estuvieran indicados.

¿CÓMO ES EL POST OPERATORIO?

Por lo general, estas intervenciones suelen doler poco una vez que se ha pasado el efecto de la anestesia. Puede haber una cierta tirantez, escozor o incomodidad. También puede notar dolor al tocarse. 

¿HAY QUE TOMAR PRECAUCIONES DESPUÉS DE UNA INTERVENCIÓN DE ESCISIÓN DE TUMORES?

En general, y salvo que se le recomiende lo contrario, las zonas recientemente operadas no deben mojarse. Procure tener cuidado al lavarse o ducharse para mantenerlas secas. Normalmente no es preciso ningún tratamiento local, pero si estuviera indicado, se le dirá lo que debe hacer. No retire o cambie los vendajes que se le hayan aplicado a no ser que se le indique, o que accidentalmente moje la zona. Es preferible dejar la zona operada al aire que llevar sobre ella un vendaje mojado. Cuando se recurre a injertos, la inmovilidad de la zona es esencial para que un injerto tenga las mayores probabilidades de sobrevivir.

Durante las primeras semanas y meses del postoperatorio debe evitar exponer su cicatriz al sol y vigilarla para poder apreciar una tendencia a la cicatrización queloidea o hipertrófica. Esto es una cicatriz violácea o roja, indurada, que tiende a abultarse y ensanchar. A la palpación resulta dura y con frecuencia suelen producir picor. Si esto ocurriera, debería acudir a consulta para indicarle el tratamiento adecuado a fin de intentar frenar el proceso de hipertrofia y aplanar nuevamente la cicatriz. Hay personas que tienen una especial tendencia a cicatrizar de esta manera. En general, es más frecuente en las personas de piel más oscura, en las zonas cercanas a la línea media y en personas jóvenes. Sin embargo, estos son datos estadísticos y las excepciones son frecuentes. Las medidas inmediatas de que disponemos para frenar una tendencia hacia la cicatrización hipertrófica son la aplicación tópica de corticoides, la colocación de láminas de gel de silicona, la presión local y las infiltraciones de corticoides en la cicatriz. Por sí solas o combinadas, suelen ser efectivas para solucionar esta condición.

¿CUALES SON LAS COMPLICACIONES?

  • La cicatrización hipertrófica o queloidea, ya mencionada antes, puede influir en una cicatriz final de mala calidad estética y especialmente evidente.
  • Aunque se haga todo lo posible para que sean lo menos conspicuas que se pueda, los puntos de sutura pueden dejar cicatrices puntiformes o lineares. En la mayoría de los casos palidecerán rápidamente y serán poco apreciables. Sin embargo, en pacientes con una especial tendencia a las cicatrices hipertróficas o queloideas, las señales de las suturas pueden ser evidentes y permanentes.
  • En diversas áreas corporales son particularmente frecuentes las cicatrices llamadas dehiscentes. Estas cicatrices tienden a ensanchar hasta adquirir la forma del huso cutáneo escindido.
  • Es frecuente que haya equimosis (cardenales) durante el postoperatorio. Mucho menos frecuente es la aparición de un hematoma (colección de sangre líquida), que pudiera requerir drenaje mediante cirugía.
  • Como en todo procedimiento quirúrgico, existe un riesgo de infección, que se trataría con los antibióticos indicados.
  • Cuando se recurre a plastias, el tallado de las zonas de piel a desplazar puede interferir en su riego sanguíneo, ocasionando que parte o la totalidad de esa piel se pierda.
  • Cuando se recurre a injertos, existe siempre el riesgo de que no “prendan” (sobrevivan en la nueva zona), pudiendo perderse total o parcialmente.
  • Es posible que haya una intolerancia al material de sutura, con una reacción local que tardará un tiempo en ceder. Esto puede retrasar el proceso de curación y aumentar la visibilidad de la cicatriz final.
  • Pueden existir estructuras profundas a la lesión cutánea (vasos sanguíneos, nervios, conductos de secreción, musculatura u otras estructuras importantes) que podrían resultar dañadas, temporal o permanentemente, a consecuencia de la intervención. El riesgo depende del tipo de lesión a tratar y la localización corporal de la lesión.
  • Quistes sebáceos: Estas lesiones benignas plantean, por su profundidad, localización y adherencia a la piel, riesgos especiales desde el punto de vista de las posibles complicaciones, haciendo más probables algunas de las anteriormente mencionadas, así como una tendencia a una peor cicatrización.
  • Recidiva: Es posible que las lesiones cutáneas recurran tras la escisión. Esto podría requerir tratamientos o cirugía adicional.

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